La Reacción Social

La Reacción Social

El interaccionismo concibe al individuo como agente, como sujeto activo ante el ambiente; entorno y persona interactúan y se construyen mutuamente, sin embargo será difícil percibir este hecho pues el proceso de socialización y la rutina dificultan esta posibilidad de vernos como actores, generando una imagen del individuo como reflejo de su ambiente. La realidad no es una entidad externa al ser humano, sino que éste genera realidad a medida que le proporciona un significado a lo que sucede. Al definir la realidad, lo subjetivo se convierte en social y objetivable, pero la base es subjetiva.

Por esto las personas reaccionamos no tanto hacia la realidad en sí cuanto al significado que le concedemos, somos animales simbólicos y cuando reaccionamos ante un acontecimiento lo hacemos ante el significado que le otorgamos, por lo que el auténtico conocimiento sociológico proviene de la observación directa de las interacciones cotidianas y de cómo en su transcurso los actores crean realidad y atribuyen sentido. Para comprender la realidad social habremos pues de cuestionar las explicaciones aprendidas en la socialización y acudir a unidades elementales de la sociabilidad: las interacciones.

Estos postulados básicos del interaccionismo y de la etnometodología serán utilizados a la hora de explicar la desviación social. Para el paradigma interaccionista el criminal sólo se diferencia de los que no lo son porque es definido socialmente como tal.

El origen de la desviación está en las definiciones legales y sociales:

Las definiciones sociales son elaboradas por determinados grupos que etiquetan como desviadas aquellas conductas que disienten de sus intereses. Estas definiciones parten generalmente de los grupos que ostentan el poder y definen formalmente las situaciones (a través de los códigos penales), pero también el público general contribuye de manera muy notable a la significación de comportamientos con definiciones informales.

Posteriormente estas definiciones generales se materializan en actos concretos al aplicarse a individuos concretos a los que se le asigna la etiqueta de desviado, que implicará desde al rechazo social hasta su reclusión en una institución de control.

La asignación de etiquetas constituye un paso fundamental en el proceso de desviación, pues una vez definido por los demás como desviado el individuo tenderá a verse a sí mismo como tal, a asumir su etiqueta que pasará a ser su estatus preponderante, dado que el individuo asimila las definiciones que otros hacen de él de manera que empieza a comportarse según las expectativas existentes sobre la etiqueta, ejecutando los roles asignados a su nuevo estatus.

Puede muy bien darse el caso de que ni siquiera exista una actuación concreta detrás del proceso de estigmatización como origen de la reacción social, pensemos en aquellas situaciones en que se atribuyen a grupos y a sujetos conductas que les son ajenas simplemente por su aspecto o por su origen étnico o social. Una de las consecuencias nucleares derivadas de ello es que la desviación no es vista por los interaccionistas como algo inherente a los sujetos, como una cualidad intrínseca, sino como una atribución social. Que un acto sea o no definido como desviado depende de la naturaleza del acto pero también de la reacción que suscite, de manera que no podemos saber si una acción concreta va a ser clasificada como desviada hasta que sobre ella se produzca una respuesta social.

De hecho, la definición de lo que es o no desviado depende de la cultura de ese momento y de ese lugar, incluso el mismo hecho puede ser etiquetado con mayor o menor severidad según la definición social que se dé en el momento, que puede muy bien responder a estereotipos sociales aplicados como definitorios en mayor medida que el acto en sí. Existe un cliché de delincuente que suele corresponderse con sujetos de clase baja, de etnia distinta, sujetos débiles dentro del sistema de reparto de recursos. Estos clichés son utilizados por el sistema administrativo para seleccionar sospechosos con lo que el proceso se convierte en un círculo vicioso.

Por tanto, hay personas que tienen más posibilidades de ser etiquetadas como desviadas.

La desviación como hecho social

La desviación como hecho social

La naturaleza de nuestra especie es social y nos induce a vivir en grupo y a generar sociedades; para conseguirlo el propio grupo dedicará grandes esfuerzos a generar normas de convivencia que permitan su pervivencia en el tiempo y socializará a sus miembros en el cumplimiento de tales normas, de manera que se asegure cierto grado mínimo de cohesión y orden. A medida que los grupos crecen y evolucionan añaden complejidad a sus modos de convivencia y por tanto nuevas formas que sirvan de cemento a sus relaciones.

Para la Sociología, tanto el cumplimento de las normas como su inobservancia son hechos de índole social, no individual. Esto no es obstáculo para que la Sociología actual reconozca las aportaciones de otras disciplinas como la biología o la psicología que se centran en las características genéticas o mentales de los individuos. De igual manera que ningún biólogo respetable, aunque destaque las bases biológicas de la cultura humana, negaría que la cultura es tan importante que su influencia logra superar a menudo los instintos naturales, ningún sociólogo conocedor de los avances en la nueva biología y genética despreciaría la base biológica del comportamiento humano.

Tanto la biología como la Sociología actuales están desarrollando puntos de vista más equilibrados de la interacción entre la naturaleza y la socialización en la formación de la conducta humana.

Todos, de hecho, hemos cometido infracciones de las normas sociales, por pequeñas que tales infracciones hayan sido o aunque las consecuencias fueran mínimamente advertidas por nuestros próximos; algo habrá en nuestra naturaleza genética y en nuestra conformación cerebral que nos induzca a ello. Sin embargo nadie duda hoy de la naturaleza profundamente social de la desviación y del orden. Aceptando la base natural de la sociabilidad de nuestra especie, de la tendencia a organizar las relaciones e incluso de sus normas más básicas; la cultura humana ha desplegado a lo largo del tiempo innumerables construcciones propias. Así dado el impulso innato a rellenar el estómago como medida básica de supervivencia, la mayoría de las culturas se ha encargado de poner un soporte bajo los alimentos.

La Sociología no se pregunta tanto por quién realiza un acto desviado, cuanto por qué tal acto se considera como desviado. Más allá de las consideraciones sobre las características sociodemográficas de sus autores como el sexo o la edad, el nivel de ingresos, y de estudios de indudable interés para la disciplina, la situación laboral, etc., la Sociología está interesada en averiguar qué características de los contextos sociales inducen a determinados colectivos a emprender acciones no deseadas por el resto o qué colectivos están especialmente interesados en tipificar como no deseadas tales prácticas.

A estas alturas estamos ya en condiciones de presentar la Sociología de la desviación como aquel área cuyo interés se centra en el estudio de las acciones que rompen de alguna manera con el orden social preexistente. No se refiere únicamente a las infracciones de normas legales, extendiendo su objetivo a toda norma social. El concepto de desviación hace pues referencia a categorías muy variadas al referirse a ‘todo aquel comportamiento que se aparta de las normas y valores aceptados por la mayoría del grupo social general’.

Hay que decir que la desviación no ha sido un objetivo central de la Sociología por cuanto se ha dedicado en su mayoría a describir y analizar el orden social, al entender que es justamente el carácter ordenado y predecible de la vida social el que posibilita la vida en común. Sin embargo la cuestión de la desviación está presente desde los inicios de la disciplina, siendo E. Durkheim, el pionero de una teoría social de la desviación frente a las exégesis individualistas de su época.

La imaginación sociológica

La imaginación sociológica

La imaginación sociológica nos permite interrelacionar el yo individual con la sociedad.

A) Contextualizando dentro de la historia lo que nos sucede a nivel individual, ubicándolo siempre dentro del marco de la sociedad concreta en que tiene lugar. La biografía de un sujeto, transcurre en un momento histórico concreto: SXXI, dentro de una sociedad concreta, que a su vez pertenece al marco Europeo, Occidental y del Norte, todas sus acciones deben ser analizadas desde estas múltiples dimensiones.

B) Distinguiendo entre las inquietudes personales y los problemas públicos de la estructura social, que trascienden el contexto local del sujeto. El delito puede entenderse como una cuestión individual y adoptar medidas individuales: cámaras de vigilancia, rejas en las ventanas, jardín con perros entrenados para proteger, guardaespaldas, etc. Con ello generaremos un espacio controlado y seguro, pero no resolveremos el problema de la delincuencia como cuestión inherente a la estructura social. Mientras una sociedad fomente una estructura que favorezca determinadas desigualdades, tales problemas no se resolverán desde el ingenio o la riqueza privados.

C) Averiguando qué hay detrás del malestar y la indiferencia de las sociedades actuales. Y entendiendo que toda cuestión social está interrelacionada con otras cuestiones sociales, que no sucede al margen del resto de los acontecimientos sociales. Por ejemplo, la desviación social está interrelacionada con cuestiones que afectan a diversas instituciones: la familia, la escuela, los medios de comunicación social, etc. Es, por tanto, una cuestión multidimensional, que implica a toda la estructura social.

D) Distinguiendo entre lo comúnmente aceptado y lo que realmente constituye una explicación coherente de los hechos sociales, cuestionando los prejuicios y estereotipos. “La delincuencia tiene una gran afinidad con determinadas etnias”. Según este estereotipo la tendencia a delinquir sería, aplicada a determinados grupos, casi de naturaleza genética o cuando menos una patología cultural. La idea general que se tiene de delincuente es la del infractor común, hacia él irán encaminadas la casi totalidad de políticas sobre inseguridad ciudadana y de prevención del delito.

E) Reconociendo la importancia del significado que las acciones y relaciones sociales tienen para quienes las ejecutan y componen, a menudo esta significación queda oculta y no puede observarse directamente. En este sentido hemos de distinguir entre los propósitos de nuestras conductas y las consecuencias imprevistas, así como entre los motivos manifiestos y latentes de las mismas. (Las cárceles se fundan con el propósito de reinsertar -propósito-, aunque en muchas ocasiones se transforman en auténticas ‘escuelas de delincuencia’ -consecuencia imprevista-. En las escuelas, además de conocimientos -función manifiesta- se transmiten sistemas de control social -función latente-).

F) Entendiendo que las corrientes mayoritarias no siempre tienen porqué ser acertadas, y ‘sacando a la luz’ corrientes de pensamiento distintas de las dominantes.  Ante a las estadísticas y discursos oficiales sobre la desviación sus causas y sus consecuencias, podemos confrontar los relatos y las historias de vida de los propios desviados, las víctimas o los agentes del orden.

De lo anteriormente dicho podemos deducir que la continuidad y el cambio en la vida social han de entenderse como una mezcla de consecuencias previstas e imprevistas de las acciones. La Sociología tiene la tarea de examinar el resultante entre la reproducción y la transformación de la sociedad. La reproducción tiene lugar porque existe de hecho una continuidad entre lo que hacemos de día en día y de año en año, y en las prácticas sociales que seguimos. Los cambios se producen en parte porque las personas pretenden que ocurran, y en parte por la aparición de variables que nadie prevé y de consecuencias no pretendidas.

En el análisis sociológico, el término reproducción está íntimamente ligado al de estructura social. La idea fundamental aquí sería que la estructura social afecta a la gente, moldeando sus actitudes y conductas.

Los sistemas sociales se constituyen de acciones y relaciones humanas, lo que les confiere a ambas señas de identidad es su repetición. Sin tal iteración acciones y relaciones no dejarían de ser hechos aislados sin apenas consecuencias sociales,

4. Empleamos deliberadamente el verbo moldear, porque la sociedad no determina, salvo en situaciones de máximo control, las acciones de los individuos. En principio, cuanto más bajo sea el estatus de la persona, menos oportunidades tendrá de anteponer sus elecciones a sus acciones, pero esto depende de cada contexto y acción concretas.

Su carácter social depende pues de su repetibilidad. Además, nuestras acciones están influidas por las características culturales de las sociedades en las que vivimos, por lo que si en un determinado contexto una pauta se repite la posibilidad de que actuemos conforme a ella se incrementa notablemente.

La importancia práctica de la Sociología Comprensión de las situaciones sociales

El pensamiento y la investigación sociológica contribuyen a la elaboración de políticas y a la reforma social, por ejemplo, posibilitando comprender de forma más clara y adecuada que antes una situación social o esclareciendo por qué ocurre algo. Evidentemente, cualquier intento de alcanzar un fin tendrá mayor éxito si se basa en información precisa y sin deficiencias.