La Carrera Desviada

La Carrera Desviada

Cómo se alcanza el status de desviado. El sociólogo David Matza en su obra Becoming Deviant analiza el proceso de desviación desde una perspectiva de base interaccionista que parte de la revisión de los postulados de las teorías de la reacción social y el etiquetamiento y que pretende acercarse al fenómeno de la desviación tal y como se presenta ante quienes forman parte de él, realizando un análisis fenomenológico. Matza destaca cómo este proceso se desarrolla en un contexto de cotidianeidad a través de las interacciones de las que van tomando parte las personas.

Aún hoy la maternidad fuera del matrimonio es vista como un serio problema, en otros momentos constituía un verdadero drama social y la madre soltera era considerada un sujeto desviado. Lo verdaderamente relevante para nuestro análisis, y en ese sentido lo presenta Matza, es que el texto sirve para comprender el proceso de desviación desde una perspectiva interactiva. A través de las distintas y sucesivas interacciones que una persona mantiene a lo largo de su vida va construyendo su sentido de la realidad, un sentido recíproco, interactivo, construido socialmente por el actor y su entorno; si bien este último posee un gran poder definidor no es exactamente la reacción la base última de la desviación, el sujeto toma decisiones y anticipa consecuencias; de ahí que la fenomenología matziana contenga un interaccionismo moderado.

No existe ninguna correlación especial entre origen social y desviación, la relación entre pobreza y delincuencia, tan puesta de manifiesto desde distintas teorías, no tendría realmente base estadística como demuestran estudios como el de Sutherland, por lo que debe irse más allá de la idea de afinidad para averiguar cómo alguien se convierte en desviado, así, la desviación no se adquiere por contagio, nadie coge el virus de la desviación por la calle, ni existe ningún tipo de predeterminación hacia la delincuencia; se necesita pasar por un proceso, una carrera que se inicia con la afiliación, mediante la cual el sujeto hace suyos nuevos comportamientos. Y lo hace siempre eligiendo entre varias posibilidades, pues rara vez las situaciones son de tal índole que no presenten alternativas. Esto es, dentro de las opciones que se le presentan, el sujeto debe estar dispuesto a adoptar alguna, debe verse a sí mismo como alguien capaz de hacer determinada cosa. Por ejemploe, el no asistir a una clase, ser infiel en su relación de pareja, fumar un porro o robar en una tienda.

Una vez que el sujeto se ha puesto en el lugar de una persona capaz de llevar a cabo una determinada acción, cuando ha decidido ir más allá de la intención, debe realmente realizarla, o sea, habrá de fumarse el porro o ser infiel, y para ello deberá sopesar la reacción social que este hecho provocará, pues sabe, aunque de manera vaga aún, que los agentes sociales actuarán en consecuencia, por lo que será en el transcurso de la acción cuando el sujeto irá atribuyendo significados reales y concretos, pudiendo reconsiderar sus actos y no volver a repetirlos.

Si decide continuar adelante aprenderá las técnicas propias de ese comportamiento, el sujeto se embarca en una actividad y aprende el método para ejecutarla, con lo que añade significación a sus acciones: aprende a apreciar tanto el hecho como el proceso. El/ la infiel en su relación de pareja deberá, si desea preservarla, poner en marcha toda una serie de técnicas que sirvan a ocultar tal hecho ante los conocidos (agentes sociales): disimular el olor de la colonia del amante, citarse en lugares no frecuentados por quienes puedan identificarle, adecuar los encuentros a sus respectivas agendas, etc. Igualmente quien decide robar en una tienda buscará el mejor momento e intentará dejar el menor número posible de rastros que le delaten. Cada vez que una persona ejecuta una acción va añadiendo conciencia a cada uno de los pasos que va siguiendo con lo que la afiliación aumenta y se consolida.

En este momento el proceso de desviación se encuentra como si dijéramos en fase inicial, el sujeto ha infringido la norma social y se ha visto a sí mismo como alguien capaz de hacerlo, de hecho, ha llevado a cabo tal infracción, empero aún no se considera a sí mismo un desviado y tampoco los demás han descubierto su debilidad hacia ciertas normas, siempre puede arrepentirse, y entender su comportamiento como una veleidad que no volverá a repetirse. Desde luego ha atribuido sentido a sus acciones dentro de su marco sociocultural, mas la verdadera significación es social: la Sociedad y el Estado son los elementos fundamentales del proceso de desviación, pues son lo que otorgan significación (consecuencias sociales reales) a los sujetos y a sus acciones, por lo que juegan el papel más determinante en la atribución de sentido.

El primer momento en la significación es la prohibición dado que resalta una actividad determinada añadiéndole un significado nuevo que antes no tenía: la culpa. La culpa otorga estatus moral a una actividad, su función es fundamentalmente preventiva, procura evitar que se incurra en determinadas acciones, mas dado que las personas de hecho incurren, la culpa lo que finalmente consigue es segregar al autor del grupo de los convencionales: lo desafilia de lo normal y lo afilia con lo desviado.

Es posible que cuando una persona se sienta señalada como desviado restaure su comportamiento inicial a la espera de que le sea otorgado el perdón social y pueda ser admitido de nuevo en la lista de los normales. Sin embargo, lo más habitual es que la actitud segregacionista contribuya a un mayor compromiso del desviado con su nuevo rol. Esto supondrá cambios en su conducta diaria, así, lo que empezó como un hecho aislado se va poco a poco transformando en una forma de vida, cuyo principal objetivo es eludir el control social.

Como para continuar su actividad el sujeto habrá de proveerse de lo necesario:

Un nuevo comercio que asaltar, más droga, personas que sirvan de coartada, armas, etc.; finalmente todas las áreas de su vida se verán afectadas. Además deberá mantener en secreto sus acciones que son objeto de alguna forma prohibición social, todos los esfuerzos que realice en este sentido le parecerán pocos, porque le invadirá una sensación de transparencia: cualquiera de los que le rodean o conoce puede ser alguien que revele su condición.

De este modo, la prohibición criminaliza al individuo en la medida en que le obliga a aislarse y a contactar, con quienes le suministran un servicio ilegal, y los proveedores están mucho más avanzados en la carrera desviada y tienen tanto o más que perder si se revela su condición. Con lo que el individuo adquirirá sentido de la duplicidad entre el mundo desviado y el convencional, del que no puede escindirse totalmente, por lo que habrá de afrontar la necesidad de llevar una doble vida según el mundo, convencional o desviado, en que se encuentre.

Pero al final todo se descubre: el adolescente ya no puede disimular que fumó hachís, un cálculo erróneo al asaltar la última tienda dejó testigos que identificarían al ladrón, un conocido vió al infiel con su amante. El desviado se ve aprehendido, diferenciado del resto como aquel que incurrió en una conducta divergente. Y la reacción social,consistirá en etiquetarlo, incluyéndolo dentro de una nueva categoría. Quedar encasillado como prostituta, ladrón, drogadicto o más genéricamente como desviado, es lo mismo que seguir formando parte del apresurado proceso de convertirse en cualquiera de ellos. Esto no hubiera sido así si el sujeto no hubiera ensayado previamente el ser más desviado de lo que parece. Además, quienes lo significan no lo hacen teniendo en cuenta todo lo que el individuo es, la significación es metonímica, toma la parte por el todo, aliena al sujeto de su naturaleza plural de manera que acaba asumiendo su rol de desviado como definitorio de sí mismo, entrando en juego la profecía que se cumple a sí misma, colaborando él mismo en su exclusión con la sociedad bienpensante.

La exclusión puede ser directa, aislamiento social del individuo, o indirecta.

La Reacción Social

La Reacción Social

El interaccionismo concibe al individuo como agente, como sujeto activo ante el ambiente; entorno y persona interactúan y se construyen mutuamente, sin embargo será difícil percibir este hecho pues el proceso de socialización y la rutina dificultan esta posibilidad de vernos como actores, generando una imagen del individuo como reflejo de su ambiente. La realidad no es una entidad externa al ser humano, sino que éste genera realidad a medida que le proporciona un significado a lo que sucede. Al definir la realidad, lo subjetivo se convierte en social y objetivable, pero la base es subjetiva.

Por esto las personas reaccionamos no tanto hacia la realidad en sí cuanto al significado que le concedemos, somos animales simbólicos y cuando reaccionamos ante un acontecimiento lo hacemos ante el significado que le otorgamos, por lo que el auténtico conocimiento sociológico proviene de la observación directa de las interacciones cotidianas y de cómo en su transcurso los actores crean realidad y atribuyen sentido. Para comprender la realidad social habremos pues de cuestionar las explicaciones aprendidas en la socialización y acudir a unidades elementales de la sociabilidad: las interacciones.

Estos postulados básicos del interaccionismo y de la etnometodología serán utilizados a la hora de explicar la desviación social. Para el paradigma interaccionista el criminal sólo se diferencia de los que no lo son porque es definido socialmente como tal.

El origen de la desviación está en las definiciones legales y sociales:

Las definiciones sociales son elaboradas por determinados grupos que etiquetan como desviadas aquellas conductas que disienten de sus intereses. Estas definiciones parten generalmente de los grupos que ostentan el poder y definen formalmente las situaciones (a través de los códigos penales), pero también el público general contribuye de manera muy notable a la significación de comportamientos con definiciones informales.

Posteriormente estas definiciones generales se materializan en actos concretos al aplicarse a individuos concretos a los que se le asigna la etiqueta de desviado, que implicará desde al rechazo social hasta su reclusión en una institución de control.

La asignación de etiquetas constituye un paso fundamental en el proceso de desviación, pues una vez definido por los demás como desviado el individuo tenderá a verse a sí mismo como tal, a asumir su etiqueta que pasará a ser su estatus preponderante, dado que el individuo asimila las definiciones que otros hacen de él de manera que empieza a comportarse según las expectativas existentes sobre la etiqueta, ejecutando los roles asignados a su nuevo estatus.

Puede muy bien darse el caso de que ni siquiera exista una actuación concreta detrás del proceso de estigmatización como origen de la reacción social, pensemos en aquellas situaciones en que se atribuyen a grupos y a sujetos conductas que les son ajenas simplemente por su aspecto o por su origen étnico o social. Una de las consecuencias nucleares derivadas de ello es que la desviación no es vista por los interaccionistas como algo inherente a los sujetos, como una cualidad intrínseca, sino como una atribución social. Que un acto sea o no definido como desviado depende de la naturaleza del acto pero también de la reacción que suscite, de manera que no podemos saber si una acción concreta va a ser clasificada como desviada hasta que sobre ella se produzca una respuesta social.

De hecho, la definición de lo que es o no desviado depende de la cultura de ese momento y de ese lugar, incluso el mismo hecho puede ser etiquetado con mayor o menor severidad según la definición social que se dé en el momento, que puede muy bien responder a estereotipos sociales aplicados como definitorios en mayor medida que el acto en sí. Existe un cliché de delincuente que suele corresponderse con sujetos de clase baja, de etnia distinta, sujetos débiles dentro del sistema de reparto de recursos. Estos clichés son utilizados por el sistema administrativo para seleccionar sospechosos con lo que el proceso se convierte en un círculo vicioso.

Por tanto, hay personas que tienen más posibilidades de ser etiquetadas como desviadas.