La perspectiva del conflicto

La perspectiva del conflicto

En la sociedad existe un total de recursos escasos y necesitados por distintos grupos que pugnan entre sí por lograrlos: tales bienes son básicamente económicos, pero también de poder y de prestigio, si bien estos últimos son en última instancia una consecuencia de los primeros.

Según los conflictivistas, la sociedad es un conjunto de grupos de interés en competencia. Lo que mantiene unida a la sociedad no es, pues, el consenso, sino la represión. Claramente algunos grupos se benefician más que otros de los arreglos sociales existentes, generando y manteniendo un orden social que resulta conveniente a sus expectativas.

En toda sociedad existe un potencial de revolución derivado de esta explotación que unos grupos/ clases ejercen sobre otros. Los miembros pertenecientes a distintos grupos y categorías (clases, etnias, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, etc.) se entrelazan unos con otros, impidiendo la división de la sociedad en campos hostiles y manteniendo ese estado potencial de la revolución. Por todo ello, el conflicto es positivo, no tiene nada de patológico, ya que contribuye a reforzar la solidaridad entre los componentes de las clases menos favorecidas y auspiciar el cambio hacia una sociedad justa e igualitaria.

El interaccionismo simbólico

Las perspectivas funcionalista y del conflicto dirigen su mirada hacia la sociedad en su conjunto y pretenden explicar el papel desenvuelto por las fuerzas sociales para mantener la estabilidad o provocar el cambio. Pero todos los sociólogos reconocen que la sociedad está formada por actores individuales y para entender la sociedad, debe también comprenderse cómo estos actores sociales toman sus decisiones, organizan sus vidas, influyen y son influidos por otros.

Para los interaccionistas simbólicos el objetivo de estudio principal no son los fenómenos sociales a gran escala, sino que su mayor interés se dedica a la conducta diaria y las relaciones interpersonales.

Para estos sociólogos la realidad es algo que se construye socialmente, mientras se vive, una gran parte de la conducta humana diaria no está determinada por los hechos objetivos y materiales, sino por los significados concretos que la gente le adjudica en ese momento. O sea, más que la acción en sí lo que importa es el significado que tiene para el actor, esto es, el aspecto simbólico de la acción.

Desde esta perspectiva, la vida social humana sigue unas pautas de conducta establecidas, si quieren que sus papeles sean aceptados, en la representación personal de cada status y de sus roles, se halla la variabilidad de la acción.

Dentro del interaccionismo destacan los estudios de etnometodología, para los etnometodólogos lo importante son los papeles que la gente juega inconscientemente.

Para estos estudiosos estas reglas inconscientes, aunque ampliamente aceptadas, suponen el verdadero cemento que nos mantiene unidos y posibilita la vida social. Son normas de comportamiento que todo el mundo da por supuestas y que sólo se perciben cuando son violadas.

Consideremos el saludo habitual: “Hola, ¿cómo estás?” “Bien, gracias, ¿y tú?”. A primera vista estas expresiones pueden parecer triviales, pero piénsese en las consecuencias de ignorarlas. Si dejáramos de saludar a nuestros colegas, o de responder a sus saludos, ellos probablemente pasarán buena parte del día preguntándose si los desairamos deliberadamente y qué es lo que deberán hacer la próxima vez que nos crucemos en su camino.

La conformidad a las expectativas acerca de los saludos y otras conductas habituales establece la confianza fundamental que es necesaria para todas las interacciones sociales.

Otro área de notable interés para el interaccionismo la constituye la sociolingüística: el estudio de cómo los patrones sociales influyen en los patrones del lenguaje y viceversa. Para la sociolingüística, las personas usamos formas de hablar y señales no verbales no solamente para comunicar información, sino también para autoubicarnos en nuestras relaciones con los demás. Las jergas, los gestos hostiles o receptivos, la distancia corporal, etc. delimitan nuestras relaciones, las enmarcan, las contextualizan. Así el habla nos puede agregar o excluir de un contexto si tal habla se considera apropiada o no en el mismo.

En este sentido decimos que el lenguaje se constituye en una ‘barrera social’.

2 thoughts on “La perspectiva del conflicto

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