R. Cloward y L. Ohlin

R. Cloward y L. Ohlin

Estos autores escriben en 1960 Delinquency and Opportunnity: A Theory of delincuent Gangs (Delincuencia y Oportunidad: Una Teoría de las bandas). Para ellos en toda sociedad coexisten subculturas independientes, entre las cuales está la subcultura criminal, que definen como aquella en la cual resultan indispensables para el desempeño de sus roles dominantes (status maestro) ciertas formas de actividad delictiva.

Al igual que Cohen, entienden que el origen de la subcultura desviada está en la frustración que sienten los jóvenes de clase baja al intentar sin éxito lograr el nivel económico y el status social de otros grupos sociales. Cuando pretenden alcanzar el triunfo, tal y como éste se define socialmente, siguiendo las pautas institucionalizadas, pronto se dan cuenta de que las condiciones en que se encuentran les impiden alcanzar tales objetivos de forma legítima, optando por alcanzarla mediante acciones menos ortodoxas, una vez concienciados del grado real de probabilidad de alcanzarlos.

En vez de asumir individualmente el fracaso, como están educadas para hacer las clases medias, los jóvenes de clase baja lo atribuyen sobre todo al tipo de sociedad en que viven, adquiriendo conciencia de la injusticia de las normas oficiales que privan a determinados grupos de las vías legítimas de progreso social. Esta toma de conciencia les inducirá a unirse con sus semejantes formando parte de una subcultura desviada, dentro de la cual encontrarán el respaldo necesario para dominar sentimientos de deshonra, temor al castigo y mala conciencia, al recibir aprobación y oportunidades reales de conseguir el éxito personal. Y estas oportunidades son diferentes (oportunidades diferenciales)

De hecho, más que las tensiones socioculturales, lo que realmente explica la desviación es la oportunidad real que el sujeto tiene de desviarse. En toda sociedad existen diferentes grados de acceso a medios legítimos e ilegítimos de lograr el éxito social y, por ello, existen formas de comportamiento desviado, distintas modalidades de desviación. La forma concreta de desviación que un individuo adopte no depende de variables como sexo o edad, sino del ambiente social concreto en que se “mueva”; si en una determinada área ecológica se proporciona a los individuos un mayor número de oportunidades de éxito a través de acciones delictivas, tales sujetos harán uso de estas posibilidades: se asociarán con otros jóvenes y formarán una banda.

Frente al concepto unitario de subcultura de Cohen, C. y O. distinguen tres tipos, que suponen formas distintas de organización, estructura y medios de adaptación u oportunidades a quienes residen en ellas:

1. Subcultura criminal: Característica de barrios donde la delincuencia adulta se encuentra integrada en el tejido social. En ella el joven encuentra oportunidades efectivas para delinquir, pero además puede aprender de modo altamente formalizado las pautas desviadas, los códigos, las técnicas concretas. El propio entorno sirve de mecanismo de control, impidiendo acciones o el uso de medios que pondrían en peligro la supervivencia de la propia cultura: riesgos innecesarios, uso irracional de la violencia, etc.

En un barrio así, el joven que encuentra bloqueadas sus posibilidades legítimas de alcanzar las metas de la cultura general, puede hacer carrera integrándose en la estructura de oportunidades ilegítimas que le brinda su entorno. El prototipo sería el delincuente profesional organizado.

2. Subcultura conflictual: Pero no todos lo barrios en los que existe una alta tasa de actividades desviadas presentan un alto grado de integración y organización social, más a menudo nos encontramos con barrios pobres y desorganizados, con alta movilidad social y geográfica, cuyos habitantes viven en condiciones de alta precariedad. Los valores desviados no están integrados con los de la sociedad convencional, pero tampoco con la sociedad del crimen organizado, por lo que tampoco existe una estructura estable de oportunidades de delinquir, como consecuencia la criminalidad tiene un marcado carácter individualista (sin el apoyo de otros) y económicamente es poco rentable.

Todo ello incrementa notablemente el desencanto, la frustración de los jóvenes, dado que viven en áreas en las cuales el triunfo no puede lograrse de forma convencional ni poseen modelos adultos para adquirirlo de forma ilícita, la única forma de lograr cierto status social (reputación, prestigio) es manteniendo un conflicto permanente mediante la violencia con otras bandas y con el entorno general. El prototipo de sujeto es el macarra, que se gana el respeto por la fuerza de los puños o de las armas, que atenta contra personas y propiedades y que puede formar parte o liderar bandas cuya estructura se basa en la fuerza física, el honor de pertenencia, la solidaridad interna y la lucha permanente contra otras bandas .

3. Subcultura evasiva o abstencionista: Finalmente existen individuos y áreas que no han obtenido éxito social ni siquiera mediante el delito, por lo que se encuentran en una situación de doble fracaso: el acceso a una cultura delictiva no es siempre fácil, necesitas contactos, conexiones sociales, además requiere inhibir valores y normas convencionales, lo cual no es siempre fácil y menos sin apoyos de grupo. El integrante de esta cultura, es un sujeto residual, que no ha conseguido integrarse en una subcultura desviada ni en una convencional, que se refugia en la droga o el alcohol como forma de manifestar su indiferencia ante el mundo convencional, del que se evade. Para hacer frente a sus hábitos desarrolla una serie de actividades delictivas: tráfico de drogas, prostitución, delitos no violentos, etc.

El yonqui, lograría su status justamente desde su actitud de distanciamiento de la sociedad oficial, perteneciendo a una cultura, la de la droga, más difusa y desestructurada que cualquiera de las anteriores. Estos tres tipos de subcultura cambian con el tiempo en función de las transformaciones que se produzcan en el barrio pobre. El propio slum es objeto de una evolución según se va asimilando la población inmigrada:

– En un primer momento los jóvenes inmigrados recurren al uso de la violencia para conseguir un status dentro del barrio.

– Posteriormente se organizan para lograr provecho del nuevo status adquirido: prestigio, poder, contactos, etc., son elementos de los que se puede extraer rendimiento. Ahora ya no utilizarán la violencia de forma gratuita, sino que el uso de su poder será más funcional.

– En una última fase, una vez obtenido status económico y social suficiente abandonarán el slum, en el cual sólo quedarán los fracasados, quienes volverán al uso de la violencia o se replegarán en subculturas abstencionistas.

Como vemos, este modelo de subcultura es más explicativo, en el sentido de que captan mejor la gran complejidad del mundo urbano de la desviación juvenil al entender la existencia de diversos grupos.

Por otra parte el modelo de Cohen apuesta por una subcultura juvenil desviada no utilitaria, maliciosa y destructiva que no tiene por qué ser necesariamente así, tal y como demuestran los altos índices de delincuencia patrimonial detectados en el slum. Bien es cierto que buena parte de estos atentados contra la propiedad privada pueden tener su origen en una insatisfacción genérica respecto de las condiciones de vida en el slum, frente al bienestar propuesto por la sociedad convencional, pero no siempre el móvil es éste. La irracionalidad generalizada de las subculturas juveniles no es un hecho comprobado, en muchas ocasiones tal irracionalidad no es tal, y los delitos corresponden al intento racional de satisfacer necesidades, aunque por cauces ilegítimos.

El análisis de C. y O. Ha tenido importantes aplicaciones en política criminal en cuanto a tratamiento y rehabilitación de delincuentes en programas de lucha contra la pobreza.

Finalmente, frente a Cohen, la subcultura del joven de clase baja no está en directa oposición con la cultura de clases medias, no existe esa polaridad negativa de que hablaba Cohen: muchos jóvenes delincuentes comparten, no obstante, los valores y las metas de la sociedad oficial, siendo la ausencia de vías legítimas para alcanzar el éxito el factor explicativo de la desviación. No serán necesarios cambios en la estructura básica de las actitudes de los individuos, sino la creación de oportunidades legítimas por parte de los poderes públicos. En general, los estudios realizados entre jóvenes delincuentes de clases medias y altas parecen demostrar que los delincuentes de clase baja serían más rudos, fuertes, violentos, peligrosos y audaces. Mientras que los de clase media se sienten más leales, inteligentes, refinados y pulcros que los de clase baja. Con lo que en un área concreta podrían coexistir diversos tipos de banda descritos por Cloward y Ohlin (criminales, conflictivas y abstencionistas) y no existirían modelos de comportamiento particularizados.

Tampoco el componente fundamental de clase social como genético de la subcultura se libraría de la polémica. Para unos autores existe una cultura de clase baja real y diferenciada, autónoma e independiente. Para otros la relación entre subcultura y clase social es mucho más débil e incluso inexistente, concediendo mayor importancia a conflictos generacionales, etc.

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