Subculturas desviadas

Subculturas desviadas

La desviación se puede atribuir no tanto a conflictos globales que afectan a una cultura en su conjunto, cuanto a la existencia de conflictos parciales que se dan entre culturas que conviven y que se corresponden con grupos sociales que coexisten, como es el caso en nuestro país de los conflictos entre la etnia gitana y la paya o entre culturas de inmigrantes y la autóctona. Los elementos culturales de unas divergen notablemente de los de otras, originándose una situación de extrañeza que generalmente desemboca en la atribución de cualidades desviantes a los usos culturales de la cultura ajena.

En cualquier caso, una cultura compleja genera subculturas que pueden entrar en conflicto entre sí o con la cultura general en la medida en que cuestionen los valores dominantes, ofrezcan estrategias de acción y promuevan conductas distintas a las generalmente aceptadas.

Desde esta perspectiva, muy ligada también a las concepciones interaccionistas de la desviación que veremos con posterioridad, los procesos sociales que han puesto en marcha la criminalización de conductas entendidas como inmorales tienen como fin no tanto imponer la moral mayoritaria como penalizar, llegando en algunos casos a ilegalizar, una subcultura. Estos procesos activan movimientos sociales en los cuales es fundamental estudiar la labor de los distintos agentes que intervienen en este proceso.

En este sentido se habla de los empresarios de la moral: personas que, indignados ante situaciones que estiman repugnantes o inmorales a los ojos de la clase media, emprenden ‘campañas de purificación’.

Junto a estos empresarios de la moral actuarán los burócratas, los representantes políticos, los empresarios económicos en la medida en que no estén extrayendo beneficios de la subcultura que se pretende reprimir y los medios de comunicación que llevan a cabo un papel de amplificador de los intereses ultrajados.

Un ejemplo reciente en nuestro país y aplicable al caso es la conocida como ‘cultura del botellón’ y su repercusión en los discursos social y mediático. En la inmensa mayoría de programas que presentan el tema, incluidos los de debate con representantes de posiciones contrarias, el saldo neto de las intervenciones favorece a los que en ese momento se erigen en empresarios de la moral: representantes de asociaciones de vecinos indignados o del orden público, técnicos que hablan de las inconveniencias de uso abusivo del alcohol y sociólogos de discurso benevolente y sesgo funcional -positivista- añadirían los conflictivistas que enmarañan el tema insertando variables de dudosa correlación con el tema.

Todo ello se traducirá posteriormente en disposiciones legales que no pretenden criminalizar conductas, entre otras cosas porque afectan a sus propios hijos, pero que de hecho las ilegalizan, transformándolas formalmente en comportamientos desviados.

2 thoughts on “Subculturas desviadas

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