La neutralización de valores y normas convencionales

Para comprender mejor el aprendizaje de las justificaciones que damos a nuestras acciones podemos recurrir a la teoría de la neutralización propuesta por  los sociólogos G. SYKES y D. MATZA. Según estos autores, en la sociedad existen valores convencionales que son seguidos por la mayoría de la población por estar bien vistos y ser comúnmente aceptados, junto a estos valores coexisten otros, denominados subterráneos, que son compartidos por muchos aunque entren en conflicto con los convencionales: el amor al dinero, sobre todo al fácil, la búsqueda de aventura y de peligro, la atracción por la agresividad, la ostentación, etc. La propia sociedad convencional apoya en determinados momentos y con ciertos límites este tipo de valores, de hecho vivimos en un mundo competitivo en el que se estimula la creatividad.

Esta ambivalencia moral que apoya oficialmente determinados valores, generalmente asociados al estilo de vida de la clase media, a menudo es incapaz de disimular su íntima conexión con los valores subterráneos, derivada de la complejidad de las sociedades y de las culturas. Los sujetos desviados, especialmente los jóvenes, están aceptando los valores subterráneos.

En este sentido, el mundo desviado no es una especie de cuerpo extraño en el seno social, lo que hace es situar en la superficie aspectos que ya están presentes en la cultura. Según esto no existe contradicción intrínseca entre los valores subterráneos y los convencionales:

Ambos grupos, ciudadanos respetuosos con la ley y delincuentes, comparten los mismos valores, sólo que los últimos justifican sus acciones desde valores subterráneos. Llevar esto a cabo no es tarea sencilla, los actores han de neutralizar previamente los preceptos valorativos comúnmente aceptados y justificar su adhesión a los subterráneos. Y para ello emplean una serie de técnicas de neutralización o autojustificación:

1º El individuo puede excluirse de la responsabilidad presentándose a sí mismo como el tipo de persona que se ve obligado a delinquir dadas las circunstancias que le rodean (‘Estoy enfermo’. ‘No tenía otra opción’).

Negación del delito (‘Si es poca cantidad no es robar’. ‘No pasa nada por aparcar en un paso de peatones’).

3º Puede negar la existencia de víctimas (‘No hago daño a nadie’ -dirá el defraudador al Fisco-. ‘Nunca maté a nadie’ -repondrá el atracador de bancos-).

Condenación de quienes condenan (‘Quien hizo la ley hizo la trampa’. ‘Ellos -los poderosos- son los verdaderos ladrones’).

Apelación a una instancia superior (‘Cumplía órdenes’. ‘Lo hice por Dios’, ‘por la Patria’, ‘por la Revolución’).

La necesidad de la conducta (‘Todos somos humanos’. ‘O eso o morirme de hambre’).

Defensa de un valor (‘No querrá usted que sea un chivato’. ‘Lo maté por una causa justa’. ‘No era una persona honesta’).

Negación de la justicia o de la necesidad de ley (‘La justicia no existe, siempre saldrá alguien perjudicado’).

Todo el mundo lo hace (‘Nadie paga el IVA’. ‘Todos los que yo conozco les dicen a sus abuelos que pidan medicamentos como si fueran para ellos’).

10º Tenía derecho a hacerlo (‘La maté porque era mía’. ‘El jefe soy yo’).

Aunque los ejemplos propuestos puedan parecernos cínicos, forman parte del aprendizaje y están presentes en la cultura, son sociales. La cuestión estriba en que las técnicas de neutralización disminuyen la eficacia del control social y favorecen las acciones desviadas.

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