Las asociaciones diferenciales

Tanto las posiciones que ocupan los individuos como las relaciones que mantienen condicionan sus cosmovisiones, sus formas de interacción o el significado que atribuyen a sus propias acciones y a su entorno.

La cultura que siguen los individuos y la posición que ocupan en la estructura social están íntimamente relacionadas; así, más allá de los elementos culturales comunes aprendemos cosas distintas si nuestras vidas se ubican en un contexto rural o urbano, si pertenecemos a la clase alta o nuestra condición social es más humilde; la visión que tenemos del mundo y de las posibilidades que nos ofrece varía según la zona social en que nos movamos.

Las sociedades no son ni mucho menos homogéneas, en ellas coexisten grupos distintos que poseen intereses diferentes e idean y generan sistemas de acción particulares y propios orientados a la consecución de tales metas; esto es lo que Edwin H. Sutherland pone de manifiesto cuando habla de organización social diferencial.

Dado que las sociedades están organizadas de forma diferencial, sus componentes se integran en asociaciones (grupos) igualmente diferenciales. Es conveniente que entendamos el adjetivo diferencial correctamente, diferencial no significa únicamente diferente, también, generador de diferencias.

Los sujetos aprenden comportamientos al formar parte de procesos de interacción, al igual que aprenden comportamientos normalizados aprenden comportamientos desviados, y en ello influye muy positivamente el grupo habitual de interacción; en este sentido el aprendizaje de la delincuencia no consiste, en un defecto de socialización, sino en una socialización de contenido valorativo distinto.

Para Sutherland, los sujetos se insertan en asociaciones diferenciales, estos grupos no son ajenos a la sociedad general, si bien desarrollan formas de entender el mundo y de alcanzar los objetivos propuestos por la sociedad distintas de las de la generalidad. Cuando las personas interactúan habitualmente en el seno de determinados grupos íntimos aprenden los códigos de comportamiento propios de tales asociaciones. Por ello, cuando en el medio social habitual de un sujeto existe un exceso de definiciones favorables a infringir la ley, el individuo tenderá a saltarse las normas legales y a actuar de acuerdo con las pautas de su grupo. Este es el principio de la Asociación Diferencial.

Las personas no asimilan únicamente técnicas de acción, también lo hacen con los valores y motivaciones asociados a tales acciones. A la vez que aprendemos a actuar de una determinada manera y no de otra, interiorizamos el por qué lo hacemos así concretamente, racionalizamos lo que hacemos, y tales racionalizaciones son igualmente aprendidas.

En definitiva, para Sutherland el comportamiento desviado se aprende, como cualquier otro comportamiento, dentro de un proceso de interacción, es por lo tanto necesaria la colaboración activa del sujeto (bien difícil será enseñar a leer a alguien que no está dispuesto, incluso si lo consiguiéramos con un cierto grado de aceptabilidad, una vez terminadas las clases posiblemente nuestro alumno no leería un libro jamás), pues todo aprendizaje requiere emprender determinadas acciones: No basta con vivir en un entorno desviado (un barrio conflictivo, una subcultura delincuente), hay que interiorizar como propio su código de comportamiento y para ello es necesario decidir emprenderlo y llevarlo a cabo.

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