El funcionalismo moderado

Si investigamos las estructuras que fundamentan la probabilidad de satisfacción de los intereses y necesidades individuales o grupales nos encontramos en la relación entre acción social y situación de clase. Es así que el análisis sociológico de la desviación debe siempre realizarse desde las estructuras de oportunidades que poseen los individuos que emprenden acciones desviadas; otorgando especial atención a la combinación concreta que en cada individuo, grupo o sociedad se presenta entre opciones y vínculos.

El funcionalismo moderado

Hay muchas prácticas que permanecen sin cumplir una función beneficiosa. Por ello existe una diferencia entre las funciones y las disfunciones, un ejemplo se halla en la guerra, funcional o disfuncional según la posición que ocupe el sujeto respecto a ella. En el nivel social es disfuncional para las familias y las relaciones sociales al suponer la pérdida de personas cercanas, pero también puede ser funcional en la medida en que puede favorecer la cohesión interna ante el enemigo externo. En el ámbito político genera riqueza en unos sectores (función) a la vez que contribuye al abandono en otros (disfunción). En lo político contribuye a apartar la atención de los asuntos internos y a aumentar la popularidad de determinados gobernantes, aunque en la práctica suele producir el efecto contrario.

La tensión y la desviación

Las estructuras sociales producen circunstancias en que la infracción de los códigos morales constituye una reacción normal. En toda cultura existen unos objetivos generales y deseados por la mayoría. Estos objetivos suponen una buena forma de medir la adecuación entre los sujetos y el deber ser. Incluso aquellos que no están muy conformes con las metas propuestas no podrán evitar formar parte de su cultura y ser susceptibles de valoración por parte de los demás en función de esos objetivos culturalmente establecidos. Sin embargo, no siempre la sociedad establece vías adecuadas de obtención de resultados.

Cuando existe una clara discrepancia entre los valores esenciales de una cultura y los medios sociales legítimos que se disponen para conseguirlos se produce un estado de tensión anómica. De esta forma se generan comportamientos desviados. Entendemos la anomia como la ruptura de la estructura cultural, que tiene lugar cuando hay disyunción aguda entre las normas y los objetivos culturales, y las capacidades socialmente estructuradas de los individuos del grupo.

La estructura social es una estructura de oportunidades, la posición que los sujetos ocupan y las relaciones que mantienen les facilita o niega oportunidades para lograr los objetivos culturales. Cuando no existe unidad entre cultura y estructura, se produce un desequilibrio en el sistema y surge la tendencia hacia la ruptura de las normas establecidas.

En definitiva, la estructura genera desigualdades entre grupos e individuos, y algunos grupos e individuos determinados sentirán en mayor medida que otros la presión social hacia la anomia.

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