Estructura y Desigualdad

En Sociología, el centro de atención se fija en la desigualdad, cuyo origen no es biológico sino social, las desigualdades se construyen socialmente. Y, al menos en lo que respecta a las estructuras sociales, esta construcción humana se ha demostrado finita.
Un hecho social fácilmente observable es la existencia de desigualdades, todas las sociedades humanas son desigualitarias. Esto provoca que se establezcan jerarquías dentro de las poblaciones, unas veces estas jerarquías se fundamentan en la riqueza, otras en el poder, el conocimiento o en la posesión de cualquier otro tipo de recursos.
Hasta el advenimiento de la Ilustración y la Revolución Francesa la desigualdad era entendida como algo natural. Para la Sociología, hablar de desigualdad es hablar de estratificación, esto quiere decir que las sociedades están divididas en conjuntos de individuos cuyos accesos a los recursos son similares y distintos de los de otras capas sociales. Las oportunidades y las recompensas están distribuidas de forma desigual.
Una de las características para distinguir entre sistemas de estratificación es el grado de movilidad que permiten.

La movilidad social

Por movilidad social entenderemos el cambio de una posición social a otra, en la que se incluyen procesos tan diferentes como migraciones, cambios de ocupación o cambios de estrato. Existen dos tipos de movilidad:
Movilidad horizontal: supone cambios entre dos posiciones de nivel similar, con un poder, un prestigio y unos ingresos parecidos. Por ejemplo, un ejecutivo deja una empresa para trabajar en otra en similares condiciones.
Movilidad vertical: implica cambios entre posiciones de distinto nivel y puede a su vez ser ascendente: hacia posiciones superiores. Por ejemplo, Ascender en el trabajo. O descendente: hacia posiciones inferiores. Por ejemplo, perdida de empleo. El alcance de la movilidad viene determinado por la distancia social que se recorre desde la posición inicial hasta la que se accede.
El ritmo que tiene el proceso es otra característica importante para determinar la movilidad de un sistema de estratificación.
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La sociedad moral

La sociedad moderna supone el desmoronamiento de muchas tradiciones y formas de control, sobre todo religioso, esto no supone necesariamente que la conciencia común vaya a desaparecer, sin embargo cada vez encuentran mayor cabida las disidencias individuales.

Las creencias y las prácticas de los individuos se secularizan, el culto se deriva ahora hacia la dignidad humana, de índole individual. En fin, frente a las sociedades basadas en la semejanza, donde el individuo es socializado de manera que confunde su individualidad con la colectividad, en las basadas en la división del trabajo social el individuo se socializa en la diferencia respecto de los demás, sin embargo su solidaridad deriva justamente de la complementariedad de los distintos, de la necesidad que unos tienen de otros para satisfacer sus necesidades respectivas y comunes. Por eso ya no funcionan un Derecho y una moral únicos que impongan, bajo la amenaza de medidas represivas, uniformidad, sino un Derecho y una moral plurales que vehiculen las diferencias de los distintos colectivos profesionales a la vez que contribuyen a la cohesión social fundamentada en la interdependencia. Así, la sociedad orgánica es una sociedad moral en la que cada individuo recibe de la sociedad lo que requiere para cubrir sus necesidades al tiempo que trabaja para esa misma sociedad, incluso a costa de grandes sacrificios y concesiones en lo particular.

Por su parte la sociedad aprende, a mirar a sus miembros no como cosas sobre las cuales ostenta derechos, sino como cooperadores de los cuales no puede prescindir y frente a los cuales adquiere deberes. En realidad, la sociedad moderna tiene su propia moral derivada de la cooperación. Si la moral mecánica se fortalece a medida que la individualidad se debilita, la moralidad orgánica lo hace en sentido contrario. El problema reside en el hecho de que la moral orgánica aún no alcanza el grado de desarrollo necesario para mantener la cohesión social, es por esto por lo que se producen estados de anomia.

La moral es un hecho social que puede observarse en toda sociedad, los deberes del individuo para consigo mismo son deberes para con la sociedad. En las sociedades modernas la moral atraviesa una crisis de gran magnitud pues, como hemos visto, las doctrinas y tradiciones de momentos anteriores se debilitan, inmersas en el proceso de cambio que supone la economía con la industrialización, las estructuras sociales en general con la división del trabajo y el imaginario colectivo con la Revolución Francesa. Tras todo ello el juicio individual se emancipa del juicio colectivo, pero sin llegar a producirse un ajuste definitivo entre lo individual y el bien común, de este desajuste fundamental surge la anomia, y el sociólogo estará llamado a contribuir para que concurran de nuevo, no bajo los viejos esquemas sino sobre los nuevos fundamentos sociales.