La exclusión social

La población de los ghettos es un grupo de individuos, caracterizados por ser desempleados crónicos y que no poseen habilidades. Estos individuos han experimentado periodos prolongados de pobreza y de dependencia de los seguros sociales, y recurren a la economía sumergida o delinquiendo para sobrevivir. Estos problemas económicos se acentúan en la medida en que viven en barrios con altas tasas de delincuencia, alto consumo de drogas, escuelas poco exigentes, embarazos prematuros o pésimas condiciones de vida.

La exclusión social

Los distintos colectivos sociales tratan de maximizar sus beneficios, gratificaciones y recompensas restringiendo el acceso de los otros a los medios y oportunidades para alcanzar esos beneficios, de manera que ese acceso quede limitado a un círculo de elegidos. La exclusión social, es cualquier proceso mediante el cual los grupos dominantes tratan de mantener un control exclusivo sobre los recursos, limitando el acceso a ellos: propiedad, riqueza, origen étnico, el lenguaje o la religión.

La exclusión social se manifiesta de diferentes formas:

– La exclusión: Existen estrategias adoptadas por los grupos sociales para separarse de los extraños, impidiéndoles el acceso a los recursos valiosos. Se utiliza el poder de los que están arriba para crear un estrato definido como inferior.

– La usurpación: Son los intentos de los menos privilegiados para adquirir los recursos que poseen otros, lo que supone un recorte de los privilegios del grupo definido como superior.

 

La infraclase de los pobres

En el fondo del sistema de clases existe un gran número de personas que viven en condiciones de pobreza. Las escasas posibilidades de inserción social de pleno derecho hacen que la población sujeta a estas condiciones tenga menor esperanza de vida que la mayoría, presente altos índices de desestructuración personal, familiar y social, y esté sujeta a situaciones crónicas de anomia y procesos continuos de desviación social.

Los pobres son aquellos cuya económia familiar cae por debajo del umbral de la pobreza. Debemos distinguir entre pobreza absoluta y pobreza relativa. Asociados a la pobreza existen elementos culturales comunes, formas adaptativas propias de este sector de población:

  • Formas culturales y de organización social particulares: Las familias más extensas y desorganizadas facilitaran la adaptación a las difíciles condiciones socioeconómicas que padecen.
  • Ciertas características psicosociales : como la incapacidad para planear el futuro, la percepción de su situación como algo imposible de controlar, autoimagen negativa, códigos lingüísticos restringidos. Todo lo cual es altamente explicable en función de las condiciones que afrontan, pero claramente desventajoso para salir de su situación, pues ni sus instituciones sociales ni mucho menos sus características psicosociales son adaptativas fuera de su entorno.

Los nuevos pobres está compuesta por personas que han caído debajo del umbral de la pobreza como consecuencia de cambios en la economía, la desindustrialización y desagrarización. Los cambios en la economía son los que han vuelto obsoletas sus habilidades.

El sistema de clases

Las relaciones económicas y las condiciones materiales son lo más importante y determinante para una sociedad. Siendo la economía quien determina los demás aspectos de la vida social. Siendo la naturaleza humana de índole social, las acciones individuales están condicionadas necesariamente por por la clase social a la que pertenezca. El ser humano no es inherentemente egoísta, es por ello que transformando las condiciones sociales el hombre volvería a su naturaleza social y cooperativa, de la que se ve enajenado. Cada etapa de la historia está definida por un modo de producción particular, que a su vez origina una forma concreta de estratificación.

A medida que progresa una sociedad sus propios logros la hacen obsoleta, lo que provoca una revolución.

El sistema de clases

Cuando en vez de concebir la estructura social como una jerarquía de estratos, estamos añadiendo al concepto de estrato el de conflicto y el de conciencia. Las clases son, entonces, conjuntos de individuos que tienen intereses comunes y conciencia de los mismos, por ello se entienden en conflicto con quienes poseen intereses contrapuestos. Por tanto, existen dos grandes grupos de intereses divergentes que hacen de la sociedad clasista una sociedad de exclusión. Las acciones emprendidas por los excluidos con la intención de recuperar derechos serán entendidos como desviaciones sobre el statu quo social, que es el establecido por la clase dominante.

Características de las clases sociales

Actualmente, dada la diversidad de posiciones en la estructura derivada de la economía de la información aún se hace más complicado cuantificar y definir las distintas clases sociales. En cualquier caso, podríamos hablar de cuatro grandes clases sociales:

1) Las clases altas

El número de personas que forman parte de esta clase social es sensiblemente inferior al de los de cualquier otra. Existe una sola élite, la élite de poder, que controla los principales mecanismos de toma de decisiones, pues poseen los mismos intereses, reciben la misma educación y forman parte de una misma red de relaciones.  La existencia de las élites se justifica en la existencia de determinadas cualidades excepcionales que requiere la dirección social y que sólo se encuentran en sujetos puntuales. Para otros el poder no se justifica por cualidades intrínsecas de los individuos; es un mero modo de reproducción social, de manera que quienes están mejor situados en la escala pueden acceder con más facilidad a las posiciones superiores o mantenerlas. Las élites mantienen su poder mediante estrategias de dominación, de las cuales destacan tres:

  • Presentar sus intereses particulares como intereses generales (como algo que es bueno para todos, cuando en realidad favorece a un grupo).
  • Negación o encubrimiento de las contradicciones sociales (las desigualdades).
  • Naturalizando el presente (presentando el orden actual de las cosas, como algo natural).

Cualquier estrategia de oposición a esta situación, sería entendida como una desviación.

2) Las clases medias

Una cuestión importantísima sobre esta clase la constituye la definición de las líneas generales de su filiación ideológica y su estilo de vida, generalmente tenido como  normal. En general, destaca su fuerte tendencia social hacia el  individualismo y su conservadurismo social y político. En este sentido, contribuyen con su pasividad a la existencia de profundas desigualdades al fingir la inexistencia de las clases menos favorecidas económicamente, apoyando los gastos militares, rescates bancarios, etc., pero no demandando gastos sociales que eviten la exclusión social.

3) Las clases trabajadoras

La clase obrera surge con la industrialización, las posteriores transformaciones de la economía han inducido cambios en la composición del proletariado. El tamaño de esta clase social dependerá de qué categorías ocupacionales se incluyan en ella y esto a su vez de quién realice el estudio.

Las categorías ocupacionales que generalmente se incluyen dentro de la clase obrera son:

– Trabajadores cualificados de la industria y los servicios.
– Trabajadores no cualificados de la industria y los servicios (Vg. Dependientes y vendedores).
– Obreros del campo.

La tesis del aburguesamiento entiende que en la medida en que la clase obrera accede a derechos tradicionalmente reservados a las clases medias (empleos seguros, salarios más altos, seguridad social, posibilidades de movilidad social, acceso a determinados bienes de consumo, etc.), tienden a adoptar su estilo de vida y sus valores.

Los prejuicios y los estereotipos

Como los estudios de genética demuestran, el genoma humano es común a todas las razas, por tanto, existe una única raza, la raza humana. Cuando atribuimos características de conducta o de personalidad a los individuos en función de sus rasgos raciales, lo hacemos falsamente, y esto es lo que constituye el fundamento del racismo.

Una etnia es una categoría de personas que se ven y son vistas como distintas como resultado de su herencia cultural. Estas diferencias son totalmente aprendidas, no congénitas. Una minoría social es una categoría de personas que por sus características físicas o culturales son discriminados por las demás dentro de la sociedad en la que viven. Por su parte, podemos definir prejuicio como una actitud favorable o desfavorable hacia otras personas basada en una suposición . El conjunto de prejuicios existentes sobre un colectivo constituye un estereotipo. La discriminación no es una actitud, sino un comportamiento real que cierra oportunidades a unos y las deja siempre abiertas a otros. La discriminación acentúa los conflictos, pues contribuye a generar identidades colectivas asentadas en la diferencia respecto de los distintos y no tanto en los lazos comunes existentes en el grupo.

Hemos de dejar claro que los prejuicios y los estereotipos no tienen porqué ser falsos, a menudo están basados en la experiencia, sin embargo, cualquier generalización que se haga sobre un colectivo ha de tener fundamentos cientificos. A menudo el sentido común es fuente de percepciones erróneas, por otra parte el hecho de prejuzgar a personas o colectivos de determinada manera, concluye por lograr que se comporten de modo distinto a como lo harían en ausencia de ese prejuicio. como reales. En muchas ocasiones los prejuicios y estereotipos funcionan bajo los mecanismos del teorema de Thomas, si entendemos que alguien es un delincuente, finalmente acabará comportándose como tal, con lo que, paradójicamente, la experiencia nos dirá que teníamos razón, cuando en realidad estábamos equivocados. Si un grupo racial o étnico distinto de autóctono y con menor poder de definición de la realidad (gitanos o inmigrantes) es visto con desconfianza y tratado como a inferior, efectivamente acabará cumpliendo las expectativas del grupo dominante.

Anomia y formas de desviación

Cuando en una sociedad existen diferencias entre los fines culturales y los medios sociales, muchas personas entenderán que es justificable el lograrlos de formas distintas a las establecidas. El innovador es un individuo que asimiló bien el fin, pero no tan bien las formas institucionalizadas para su obtención. Es por ello que decide emprender caminos diferentes de los normatizados para lograr el éxito. En los niveles económicos superiores la presión hacia la innovación es muy alta, y se incentiva informalmente.

Pero la mayor presión se encuentra en las clases bajas donde la descompensación entre fines y medios se hace notar con mayor intensidad. De hecho, cuanto más abierto sea el sistema de estratificación más tensiones producirá, pues un sistema cerrado establece grados diferentes de éxito para cada estrato. En una sociedad anómica, las virtudes ordinarias parecen ser de poco provecho y se tiende a atribuir el éxito a los golpes de suerte. Para el triunfador, esto le permite aparecer como una persona modesta y accesible, a la vez que disminuye suspicacias malintencionadas. Para los fracasados, especialmente los que se esforzaron por alcanzar el éxito, la apelación a la mala suerte les permite disminuir
el nivel de frustración y seguir intentándolo sin que su autoestima se resienta tanto como para abandonar. Quienes, no crean en la suerte como causa posible de las situaciones en que se hallan, siempre podrán optar por el cinismo hacia el estado de las cosas.

El ritualismo

Determinadas personas optan por abandonar los grandes objetivos culturales, otorgando un empeño desmedido al cumplimiento casi compulsivo de las normas. Aunque no suele entenderse como un comportamiento desviado, de hecho si que lo es. La tensión que genera una situación crónica de competencia induce a muchos rebajar sus expectativas y centrarse en los procedimientos, como justificación de su fracaso. Este comportamiento es una forma de adaptación muy propia de las clases medias, pues es en ellas donde la socialización familiar insiste especialmente en la necesidad de respetar los mandatos morales.

El retraimiento

Se trata de personas que rechazan tanto las metas como las normas y los medios existentes. Están en la sociedad, pero no pertenecen a ella, no se sienten partícipes de algo en lo que continuamente fracasan por los medios legítimos y a su vez se sienten incapaces de seguir caminos ilegítimos por las prohibiciones interiorizadas. La solución es la huida total de fines y medios mediante la evasión. Este tipo de desviados causa una especial alarma social, los ritualistas al menos mantienen en funcionamiento los engranajes del sistema, los innovadores no cuestionan sus bases y siempre pueden entenderse como hijos desobedientes e incluso ingeniosos, pero los evasivos son improductivos y la producción es la base del sistema.

La rebelión

Los sujetos rebeldes están situados fuera del sistema, de hecho intentan generar uno distinto, cuestionan tanto los fines como los medios, se sienten ajenos a la propia estructura social y cultural. Difiere del resentimiento en la medida en que éste no implica un verdadero cambio de valores, moviéndose por sentimientos difusos como el odio, la envida o la impotencia.

Es un hecho que la estructura social presiona ejerce una presión diferencial, es decir, presiona más a quien tiene menos, lo cual no quiere decir que no presione también a aquellos que ocupan posiciones más favorables en el sistema de distribución de oportunidades. En este contexto, la desviación es la respuesta adaptativa a un desajuste, si incrementamos las oportunidades pero siguen existiendo divergencias entre éstas y las expectativas de triunfo, la puerta a la desviación continúa abierta. Siempre que los medios instituidos resulten insuficientes para el cumplimiento de los objetivos, encontraremos sujetos que se aparten de las normas convencionales dando lugar una situación anómica.

Las oportunidades sociales y la desviación

Las agencias de socialización como la familia, la escuela, el trabajo o los medios de comunicación contribuyen sistemáticamente a que el individuo interiorice las metas sociales generales. De este modo, al hacerlas suyas, los individuos están en condiciones de aceptar el fracaso personalmente, sin derivarlo hacia la sociedad. Nos encontramos entonces con personas que se han socializado, tanto en las aspiraciones generales de su cultura como en el hecho de que a ellos estrictamente corresponde la responsabilidad de su logro.

La familia, puede actuar en una doble vertiente. O bien, puede servir a la generación de individuos adaptados a sus circunstancias (generando conformidad) o por el contrario, proyectando las ambiciones sociales sobre los hijos y en cambio, no estar en condiciones de ofrecer oportunidades reales para su consecución (generando desviación).

En general, se considera que cuanto más importancia se conceda al éxito más se atenuará la conformidad con las normas establecidas para alcanzarlo, por otra parte el éxito o el fracaso en el logro, se deja en manos de los particulares; incluso se propone la idea de que los handicaps constituyen en realidad, ventajas. En realidad, la presión para alcanzar el triunfo es un valor presente en la cultura que alcanza a todos los estratos sociales, incluso en el caso de las clases y de las etnias menos favorecidas, y que, por tanto, más conscientes de sus posibilidades reales reducen sus expectativas, existe un número importante de individuos con pocas posibilidades que asumen el objetivo del triunfo económico. Esto explicaría el hecho de que la delincuencia se concentre estadísticamente en los estratos bajos (clases bajas y medias).

A modo de conclusión, cuando existen divergencias entre las metas culturales, y las oportunidades sociales reales para alcanzarlas, se produce una tensión anómica que constituye una importantísima fuente de desviación. Cuanta más importancia se otorgue al logro de los fines más se tenderá a alcanzarlas aun a costa de los medios, con lo que se incrementarán los comportamientos divergentes.

En general, quienes encuentran mayores dificultades para obtener el éxito cultural son aquellos a quienes la estructura social cierra más puertas, las clases bajas, las más numerosas; de ahí que sean precisamente estos quienes  porcentualmente delinquen más respecto del conjunto de las clases sociales, incluso en el supuesto de que interioricen en menor medida los objetivos culturales por entenderlos fuerza de su alcance.

 

El funcionalismo moderado

Si investigamos las estructuras que fundamentan la probabilidad de satisfacción de los intereses y necesidades individuales o grupales nos encontramos en la relación entre acción social y situación de clase. Es así que el análisis sociológico de la desviación debe siempre realizarse desde las estructuras de oportunidades que poseen los individuos que emprenden acciones desviadas; otorgando especial atención a la combinación concreta que en cada individuo, grupo o sociedad se presenta entre opciones y vínculos.

El funcionalismo moderado

Hay muchas prácticas que permanecen sin cumplir una función beneficiosa. Por ello existe una diferencia entre las funciones y las disfunciones, un ejemplo se halla en la guerra, funcional o disfuncional según la posición que ocupe el sujeto respecto a ella. En el nivel social es disfuncional para las familias y las relaciones sociales al suponer la pérdida de personas cercanas, pero también puede ser funcional en la medida en que puede favorecer la cohesión interna ante el enemigo externo. En el ámbito político genera riqueza en unos sectores (función) a la vez que contribuye al abandono en otros (disfunción). En lo político contribuye a apartar la atención de los asuntos internos y a aumentar la popularidad de determinados gobernantes, aunque en la práctica suele producir el efecto contrario.

La tensión y la desviación

Las estructuras sociales producen circunstancias en que la infracción de los códigos morales constituye una reacción normal. En toda cultura existen unos objetivos generales y deseados por la mayoría. Estos objetivos suponen una buena forma de medir la adecuación entre los sujetos y el deber ser. Incluso aquellos que no están muy conformes con las metas propuestas no podrán evitar formar parte de su cultura y ser susceptibles de valoración por parte de los demás en función de esos objetivos culturalmente establecidos. Sin embargo, no siempre la sociedad establece vías adecuadas de obtención de resultados.

Cuando existe una clara discrepancia entre los valores esenciales de una cultura y los medios sociales legítimos que se disponen para conseguirlos se produce un estado de tensión anómica. De esta forma se generan comportamientos desviados. Entendemos la anomia como la ruptura de la estructura cultural, que tiene lugar cuando hay disyunción aguda entre las normas y los objetivos culturales, y las capacidades socialmente estructuradas de los individuos del grupo.

La estructura social es una estructura de oportunidades, la posición que los sujetos ocupan y las relaciones que mantienen les facilita o niega oportunidades para lograr los objetivos culturales. Cuando no existe unidad entre cultura y estructura, se produce un desequilibrio en el sistema y surge la tendencia hacia la ruptura de las normas establecidas.

En definitiva, la estructura genera desigualdades entre grupos e individuos, y algunos grupos e individuos determinados sentirán en mayor medida que otros la presión social hacia la anomia.